Ella no piensa pensar...


La batahola de la discoteca le taladraba las orejas como la contestadota del celular de Pablo, el espíritu. Qué lugar tan oscuro e indiferente a cualquier escena de amor es una discoteca, perfecta como para discurrir en una historia de cuerpos beligerantes que discriminan la memoria del mentado “amor”.

Ella va bebiendo, pensando en la contestadota del celular de Pablo, “por qué no contesta, con quién estará, se está divirtiendo”, piensa Ella, cuado sin darse cuenta está en medio de la pista de baile moviéndose obviando el ritmo de la música, ignorando al resto de parroquianos, creyendo que nadie la ve, deseando ser un hombre para acercarse a ella misma y decirse que se ama y será enteramente suyo siempre, “qué ridiculez, seguramente me desecharía en el acto”, piensa mientras pasea frenéticamente sus bucles sobre el vaho que rodea la pista baile.

Una vez más sale y coge un teléfono público, Pablo sigue con el celular apagado y la voz de la contestadota encabrona cada vez más a Ella. Ingresa a la discoteca y se entrega a las miradas con el tipo alto de ojos oscuros que intenta seducirla con la complicidad desafortunada de Pablo. Ignora a su grupo de amigos de la misma forma que se ignora el hambre en las noches eternas de pobrezas; y se sienta en la barra, de espalda a ella, prende un cigarro de manera indiferente y juega a que mira a cualquiera con indiferencia, cuando en menos tiempos de lo pensado el tipo de ojos oscuros se encuentra a su lado pidiendo un “Cuba libre”, y al voltear golpea delicadamente, pero con la fuerza suficiente a Ella como para pedirle disculpas. “Lo siento, discúlpame de verdad”, dice él mientras Ella sigue calculando el momento adecuado para acecharla con esos ojos que hierven en despecho. Hablaron sin importarles el tema y nunca ninguno cedió el permiso al otro para ser seducido, así que decidieron bailar con 4 “Cubas Libres encima”; otra vez la música y la mirada condenadora de sus amigos eran evanescentes para Ella, y él se regodeaba en su casi completa conquista de esa noche. Ella simplemente lo besa y estruja contra la puerta del baño de mujeres, hay dos chicas más ahí, pero qué más da, Ella, solo exige un condón, todos sus condicionamientos al sexo restringido y dominado por el amor han muerto en ese momento. Mientras su cabeza roza contra la pared de un baño de una discoteca antes inasible para ella, piensa en Pablo, en la maldita voz de la contestadota que patea su cerebro y su corazón, piensa en las 5 horas tratando de encontrarlo para decirle que lo amaba, piensa y piensa en las atrocidades de Pablo y eso la excita hasta hacer sangrar todo su pudor anterior a esa noche, “quizá el sudor se deba al hermoso placer de lamer el pecado de la traición”, piensa recordando cierta clase de literatura medieval. Al terminar el encuentro de despiden como personas que se conocen en una indiferencia total.

Al llegar a su casa, en esos momentos donde es imposible saber si amanece o aún es de noche, encuentra a Pablo parado ahí, tocando violentamente el timbre. Ella, lo coge del hombro y lo voltea decidida a narrarle que ha sido infiel, que ha conocido un cuerpo distinto y lo disfrutó desquiciadamente y que él era parte de ese desquicio del placer. Pero en la cara de Pablo resaltan moretones y una gasa que cubre seguramente unos puntos que cosen su sien. “Qué te pasó”, pregunta Ella, “me robaron el celular e intenté defenderme”. Ella lo abraza con una ternura inconmensurable y lo hace pasar a su casa para curar lo incurable: su traición. Ella, decide compensarlo con sexo. Después, recostada sobre el pecho de Pablo, compara el baño de la discoteca con su cuarto, el pecho firme de Pablo con los ojos oscuros del tipo de la noche anterior, su inerte cuello sobre la almohada con los dulces golpes en la pared de su cabeza. “Me llamaste ayer, amor”, “un par de veces” miente Ella, mientras piensa: “¿debí haberle preguntado su nombre?”




Comentarios

  1. Interesante nota sobre los amores a escondidas y errados, aunque, inconscientemente, eso no tiene nada de oculto ni de casual. La aventura de Ella, por otro lado, espero no se repita en la vida real de nadie de mis amigos y menos del mío. ¿O será que esto le pasó en la vida real al escritor de este blog? ¿O será que él fue "Pablo"? Esperemos nuevas entregas.

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