Jenny... hoy quiero hablar contigo, siempre hable como amigo, hoy quiero hablar de amor...


La tribulación se apodera de Noel al darse cuenta que camina solo por el Jr. Camaná. Recuerda a Jenny, ella que lo acompañaba en la marcha por todo el centro de Lima, la razón de por qué ella lo hacía siempre le fue ajena, al igual que innecesaria. Lo único que añoraba era esas sosas caminatas con sabores agridulces. De vez en cuando ella le dejaba tomar su mano, pero solo por unos segundos, ya que la costumbre es madre de todos los deseos. Noel a veces no la escucha y simplemente le regala un chocolate con tal que ella le regale un momento de coreografía del viento con su cabello, ese cabello del color de las hojas que se desprenden de los árboles en otoño, ese otoño que no existe en Lima, en esta ciudad solo hay invierno y verano, así de mezquinos somos: “es como el cielo Jenny: triste y aburrido, así somos los limeños, capaces de abrumarnos y quebrarnos con lluvia ridícula que ni siquiera puede mojarte bien los zapatos”. Esas eran las conversaciones, intrascendente, lentas, risueñas, pesadas al igual que sus caminatas. Noel se lamenta y por eso ya no camina, ahora anda como en procesión, con la cabeza siempre en el suelo para recordar y cargando el elefantiásico peso del recuerdo. Así anda ahora Noel, cocido a un recuerdo y obligado a la convivencia con la certeza que Jenny ya no andará con él por ninguna parte de Lima.

Jennifer, es pequeña y tímida, por eso ha reducido su nombre a Jeni. Ese nombre es corto y discreto al igual que ella, a su andar de pasos mesurados, a su forma de sonreír sin mirar nunca a los ojos de nadie y enterrando su nariz al suelo cada vez que le es permitido ocultar su vergüenza. Noel la ha conocido en la academia donde da clases de Historia. Cuando él se para en la palestra a paporretear un discurso con el cual es regularmente inconforme, ella no lo mira, a pesar de que siempre esta sentada adelante. Jeni siempre está apuntado algo en su cuaderno, siempre tiene algo que escribir, ¿apuntará la clase?, ¿estará haciendo dibujitos estúpidos en su cuaderno por el aburrimiento?, ¿escribirá poemas? Y si así lo fuera ¿para quiénes eran los poemas?. Él no se atrevía a hablarle, ella en cambio se le había acercado un par de veces a preguntarle cosas concretas, por más que trató de alargar la conversación éstas jamás sobrepasaron el minuto. Que extraño era encontrar a una Jeni tan tímida, a una Jeni que le huía la mirada, una Jeni que solamente podía saludarlo con un gesto de manos cuando se cruzaban por los pasillos de ese “claustro” engañamuchachos. Cuando llegó a casa y revisó el facebook, encontró la solicitud de amistad de ella, con el dedo sobre el Mouse congelado dio el clic en aceptar. A raíz de eso pasaron todo un fin de semana atrapados en conversaciones ridículas, pero sumamente emocionantes. La hora no importaba, Noel solo se desprendía del asiento para ir al baño y comprar una dotación de cigarrillos, Jeni hacía lo propio comiendo frente a la pantalla y luchando a través de la puerta con la familia entera por haber transgredido un domingo familiar, por haber roto el cuadro de hipocresía de su familia, que a decir verdad, cada vez se quebraba más como los ladridos de los perros callejeros bajo la lluvia ridícula de Lima. Al llegar el día miércoles, que era el día en el cual Noel y Jeni se encontraban en clases, ésta volvió al mismo saludo agrio y áspero con la mano.

Jenny, siempre fue una mujer de una dulzura aterradora. Ella era tan ligera como las hojas de los diente de león, así también era de blanca. Sus manos parecían sacadas de aquellos catálogos que la madre de Noel leía cuando descansaba y soñaba con relojes y pulseras imposibles de costear. Jenny, a diferencia de Jeni, era abrumadoramente segura, relajada, con un temple marcial y una mirada que al apuntar directamente a los ojos de alguien podrían convertirlo en una historia no escrita, en una historia contada al viento, una historia sin memoria. Mientras Noel, siempre fue un tipo sin adjetivos. “Qué desgracia debe ser encontrar al amor de tu vida y que este no te ame Jenny”, le decía el muchacho, esperando que ella descifrara el mensaje; cada vez que Noel hizo un comentario totalmente claro, Jenny, siempre miraba hacia el frente y dibuja una sonrisa solo por el lado derecho de sus labios, labios que solían cuartearse ante la resequedad de ella, esa resequedad que era parte de sí misma, esa resequedad que tenía para el propio amor: Noel la conocía hace 5 años y nunca le había hablado sobre alguien especial, sobre alguien que pudiera sacarla de esa espantosa ecuanimidad que siempre tenía, nunca le había hablado de amor, a pesar que le confesó que alguna vez se había acostado con alguien, esa vez Noel escribió una canción, en una angustiosa borrachera, que tenía un coro gastado y patético como sus zapatillas decoloradas por el detergente: “ella a veces hace el amor con un idiota… que no soy yo”, un gran perdedor en el amor Noel.

Siguiendo en su desorientada caminata por el centro de Lima, Noel piensa en Jenny y Jeni a la vez, acaso debería olvidar de una vez a la primera, debería tratar de cosechar su propia historia con Jeni. Se detiene en el puesto de un vendedor ambulante para comprar un cigarro, a cada bocanada de humo siente como sus esperanzas de involucrarse en una relación sentimental se van diluyendo como la colilla de ceniza que se forma en el ápice de su cigarrillo. No es difícil encontrar al amor de tu vida, lo complicado es hacer que este te ame, piensa. Después de desvariar un poco en estrategias de seducción para cualquiera de las dos chicas, se sienta en un parquecito a la entrada de Quilca y ve que de un hotelucho de mala muerte sale una ligera figura de cabellos otoñales. Ella se arremete sobre el cuello de un sujeto alto, de figura delgadita y cabellos rubios, que a pesar del gastado cielo limeño, parece incendiarse con el sol. Efectivamente, es Jenny. Ojalá sea solo un amante, una aventura, ojalá solo sea un tire, se abriga a pensar Noel. El muchacho delgado le da la espalda al enloquecido Noel y mientras Jenny lo besa con una ternura sorprendentemente ajena a ella logra ver a su amigo. Jenny le dice a su fauno algo en la oreja y se acerca al espacio de catástrofe de Noel: “lo siento”, le dice ella aún con el cabello mojado y le da un beso en la mejilla y se va con su fauno que rápidamente le abre la puerta de un elegantísimo auto negro de lunas polarizadas, pero antes la vuelve a besar con desenfreno y Jenny acepta envolviéndolo con sus brazos por la cintura. Ella entra al carro y el fauno antes de entrar voltea y le guiña un ojo al arruinado Noel, para luego sonreírle regocijándose en la desgracia del pobre muchacho. Al voltear se da cuenta que en la esquina del parquecito hay tres muchachas de su clase, entre ellas Jeni. Las muchachas ríen discretamente, parecen entender la escena y fascinarse con la monumental estupidez de su profesor, pero Jeni está seria y por primera vez lo mira a los ojos, pero ya no con el candor de siempre, esa mirada que patea el espíritu de los enamorados traicionados. En un intento de temeridad Noel da unos pasos hacia ella, pero éstas emprenden una cruel e inmisericorde retirada. Al llegar a casa revisa el facebook, pero Jeni se había ido para siempre. Qué difícil es perder todo lo que no tuve, piensa Noel mientras se arropa en su soledad y otro cigarro esperando que éste le consuma todo el oxígeno que posee.

Comentarios

  1. Por alli escuche de alguien que un texto escrito es algo simple y llano, pero que cuando le das un sentido armonico (usar diferentes tipos de instrumentos musicales), le otorgas un vida, mas carga emocional al texto y eso es lo que se pronuncia en este escrito.
    Por eso digo que la literatura y la musica van muy bien de la mano, he de alli la frase: Poesia hecha musica.
    (...luego regresare por otro comentario)

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  2. Me gustó la frasecilla, "ya que la costumbre es madre de todos los deseos"... no había reparado en ello antes... Interesante relato.

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  3. Me gusta y muchisimo, es paradojico ver a dos personas tanto jeny y jeni diferentes entre si y aun asi capaces de capturar el corazon de la misma persona.

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  4. Una vez más debo decir q me atrapaste con este post. Ahora ya entiendo por qué Jenny...

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  5. Mmmmm... ¿Por qué pusiste un vídeo donde la protagonista femenina es Christina Ricci? Por lo menos, a alguien con el nombre-fantasía de tu post.
    Giacomo

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