10 de abril: 40 años sin beatles


Caminando por la avenida Bolívar, reíamos como siempre. Entramos a una de las callecitas silenciosas que nos dejaban en la puerta de su casa. Ella con los ojos cerrados se dejaba guiar por la oscura y silenciosa calle por mí; esa, lamentablemente, era una de las pocas muestras de confianzas y amor que ella podía darme. Luego de una pausa en nuestra conversación, Daniela, suspira y me dice “hablé con mi mamá hoy… Es muy probable que la próxima semana empiece a tramitar los papeles para mi visa”. Ya en la puerta de su casa, y después de un largo y cruel silencio, me pregunta si quiero pasar, simplemente asiento sin mirarla y entro.

La primera vez que vi a Daniela no me di cuenta que era realmente más guapa que cualquiera, como la canción. Ella se me acercó en el salón de clase, era el primer día y ella necesitaba alguien con quien hablar, tuvo la necesidad humana y adolescente de sociabilizar. En un principio no entendía las miradas que siempre terminaban en ella por parte de los demás chicos de la clase. Pero un día al estar parado en la puerta del salón esperando que ella saliera del baño, la vi caminando hacia mí, recogiéndose el cabello y sonriendo de una forma coqueta, muy natural en ella. Su blusa negra me perturbó por completo, su ligero caminar, esa nariz tan pequeña con una curvatura matemática incuestionable perforó por entero algo dentro de mí, era inevitable, me había enamorado de ella sin siquiera imaginarlo.

Detrás de su puerta solo hay unas escaleras. Nos sentamos ahí, “Jorge, extraño a mis papás, tú lo sabes, las cosas no van a cambiar”. “Daniela, sabes que todo cambiará”. Era la primera vez que me encontraba confrontado ante la densidad del silencio. Se mostraba fuerte, pero ella no era así, por eso no lo pudo mantener mucho tiempo; al pararse intentaba articular palabras, intentaba dar una despedida que pudiera resumir ese par de años juntos. Y en ese momento caí, una vez más, en esos momentos donde uno no puede dejar de ser lo más lógico que se puede ser, donde la claridad del problema encuentra una solución que es la insoslayable, pero definitoria. “Daniela, escúchame; en estos momentos me gustaría ser un cretino, pedirte que te quedes aquí, contarte un cuento donde yo ahorraré para viajar juntos, pero ambos sabemos que eso es complicado. Es imposible detenerte, es abominable siquiera el intentar ensayar argumentos o lágrimas, lo único que puedo decirte con total certeza es que yo te iré a buscar, quizá no sea ni en 10 años, pero iré”. Se abalanzó sobre mí con un abrazo que denotaba no querer soltarme jamás, y yo, hice lo mismo; sus lágrimas empezaron a caer sobre mi hombro y empezó a hablarme. “yo jamás te voy dejar, yo me iré, pero te voy a llevar, tú y yo no podemos estar separados, te prometo que te llevaré y que nada va a cambiar”; todo eso me decía mientras yo sentía su respiración en mi cuello y la sangrienta necesidad de asesinar a Cronos para que ese momento se repitiera eternamente. “No prometas huevadas, Daniela. Sabes que todo cambiará, conocerás personas y te olvidarás de mí, paulatinamente, pero lo harás, más bien ojalá me olvides rápido”. Ella me aprieta más contra sí, mientras yo espero morirme rápidamente, pero su respiración viaja de mi cuello hacia mi nariz y por momentos pienso que estamos compartiendo un mismo torrente de aire, vivimos bajo las mismas condiciones. “No digas eso, jamás vamos separarnos, jamás…”. Prefiero ya no decir nada y perderme en el momento. De repente el timbre suena “Daniela”, la llaman, ella se seca las lagrimas y le pido un último abrazo cuando en realidad deseo pedirle un beso, y para conseguirlo argumento: “es verano, así que no creo que regrese hasta que éste termine me puedes dar un último abrazo”, “no, porque si te lo doy no volverás”. Nos sonreímos mutuamente y abro la puerta, ahí está Diego, recostado en su carro, lo saludo con antipatía y recibo el mismo trato. Al irme no volteo, no quiero ver como ella besa a su enamorado, no quiero ver como ellos se desean, como el se apodera de la mujer que quiero, no deseo ver como ella le corresponde, no quiero ver como mi amiga ama tan vehementemente a ese tipo.

Después de esa noche nunca más volví a ver a Daniela, porque ella no quiso volver a saber de mí.

RE: ‏
De: dån¡†å chxxx (xxxxxx@hotmail.com)

Enviado: viernes, 10 de abril de 2009 17:22:56
Para: jl_zagalrocker@hotmail.com

que bueno saber q todo te esta llendo bien, y pucha que pena por lo de tus pas, pero de cierta forma es lo mejor para ellos y ustedes tambien. yo estoy aca maso estudiando y trabajando los fines de semana. oye que te vaya bien como profe ahora cuidate y suerte px.

Hace ya 40 años sin beatles y un año de su último mail (perdón por la tristeza de este post).


Comentarios

  1. realmente conmovedor.....

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  2. Realmente muy buen post...:)Asi pasa cuando sucedes...avanzar!!!

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  3. Vamos, Jorge Zgl; entréganos algo más inusual. El amor juvenil y platónico me lo conozco al dedillo. ¿No tienes por ahí algún muerto en tu clóset?
    Giacomo

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  4. Divertidas y elocuentes imágenes sr. Zagal, al igual que la banda sonora. Buena voz. Sigue adelante.

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