Marvel Comic’s presenta: Himen regenerativo…

Lucía linda a diario con su simpatía y militancia en un partido de corte marxista y su adicción por hamburguesas de pechuga de pollo del KFC. Pero ese en un problema minúsculo.
Lucía está condenada, o bendecida, para otros –ustedes decidan- con un súper poder. Ella tiene un “himen regenerativo”. Facultad que le permite regenerar este tejido al dejar de tener relaciones por unos meses y a veces semanas. Capacidad envidiada por las más acérrimas cristianas ansiosas de los placeres de Zodoma.
Lucía, es de un temperamento tenaz, fuerte, agresivo, pero perseguida por un pasado de adolescente adicta al color rosa, las discotecas barranquinas del fin de semana, los bailes brasileños, los cuales ha suplantado, ahora –como una correcta intelectualoide-, por las noches en el centro de Lima, el Yacana o el bar El mirador y canciones de The Stroks y Joaquín Sabina.
Toda aquella fortaleza con la que cuenta se ve destrozada ante la presencia de Marco, otro recalcitrante marxista. En medio de la atiborrada pista de baile de El mirador, entre gente disfrazada de un personaje de Disney, horneándose por dentro, quizá por unos 50 soles, ellos bailan, disfrutan de su socialismo bailando canciones de Oasis. En medio de “Stand by me,” él, después de su indiferencia total hacia ella, decide tocar muy valientemente su cintura. Ella responde con un movimiento pélvico que insinúa sus ganas desmedidas por mostrarle el mundo de ilusión cerebral que genera su poder.
Bajo una gigantografía de Mariátegui, ellos hablan sobre un proyecto de “Vivienda digna para la población”. Lucía ha trabajado en este proyecto durante meses, recuerda sus intensas búsquedas en la red y las bibliotecas de San Marcos y la PUCP. Cada información le suena muy valiosa, cada párrafo leído es consumido con dicha interna, cada párrafo escrito hacen que la adolescente color rosa dentro de ella se alimente de esperanzas desmedidas al esperar que este proyecto despierte la mirada de aprobación de Marco, espera simplemente que él le diga lo valioso que serán sus 75 páginas, que la tome de la mano y de sus labios se desprendan palabra como “te felicito Lucía, esto está bien”. Al terminar de leer el trabajo lo coloca sobre la mesa, mete su mano en el bolsillo de su casaca, saca un cigarro, lo prende, lanza una bocanada de humo y con un gesto de haber sido afectado por la nicotina, la mira directamente a los ojos y dice “no está mal, pero tú sabes que es insuficiente, deberías tomar más enserio las cosas”. Mientras la adolescente aprisionada dentro de ella se ahoga en un océano interminable de lágrimas, ella dice “qué te parece mal”, “creo que lo sabes, así que es innecesario decírtelo”, “sí, te entiendo”, pero realmente no entiende nada, solo puede reír con indiferencia.
Pasa un hombre con una botella de cerveza y moja la espalda de ella, pero eso qué interesa, por fin él le ha tomado la cintura. La canción es interminable, el sudor se desgasta en su mejilla, su corazón se acelera. Marco se acerca suave y hace una maniobra para poder oler su cabello. Esa ternura tan impropia de él llega hacia su otra mano y le acaricia la cara. Ambos deciden no mirarse para no arruinar el momento. De pronto sus sienes están juntas, son dos siameses que se resisten a nacer. ¿Por qué me hace esto? Lucía lucha más que nunca por detener a aquella adolescente a la que atormenta tanto para que nunca salga de su encierro. Al apretar más su cintura la va jalando hacia su torso, necesita que ella reacciones, necesita convertirse en el libertador de la adolescente aprisionada.
“Qué hago con este trabajo ahora”. “Bueno si quieres guárdalo como recuerdo”. El único recuerdo que tendrá será unos ojos indiferentes entre un remolino de humo. “Lucía, últimamente no le tomas la importancia del caso a nuestro trabajo”. Cada palabra cala dentro ella, el dolor encala sus párpados y sus dientes luchan contra las palabras. “Marco, hoy estaremos en el mirador por mi cumpleaños”, “¿es tú cumpleaños?”, “sí”, “mira, no sé, ese lugar no me agrada, todo es falso, todo es tan… occidental”, ojalá hubieses dicho feliz cumpleaños, piensa ya sin esperanzas.
Sin darse cuenta sus narices están juntas y aquella pequeña pista de baile parece infinita. “vámonos”, dice él, “a dónde”, “a celebrar tu cumpleaños”, “pero eso hacemos”. Sus sonrisas comprenden la situación y logran escabullirse entre sus amigos. En un taxi se dirigen a un viejo cuarto que alquilaron. La estancia en el auto se empapa de tensión, se toman de la mano, pero no se miran, nada puede ser más perfecto, resuena en la cabeza de la adolescente que se apodera de la situación. Al llegar se dirigen al cuarto sin decir nada. Se tienden sobre el colchón. Sin darse cuenta están inundados de besos, el la desviste sin que ella lo sienta. La adolescente es la única que existe en ese momento. La sangre sobre el colchón golpea de imágenes a Marco, él la ve a los ojos y la adolescente sabe que esa es la mira de ternura que tanto deseaba, pero mientras él se dispone a seguir el encuentro regresa la muchacha mala de la historia, regresa Lucía. Y entiende que esos ojos son de pura lujuria. Detener el momento con una verdad divertida podría arruinarlo todo, ¿quién tiene el control ahora?. Marco es el tercer hombre al que Lucía le entrega su virginidad. Al final de la batalla, sin mirarla Marco dice “gracias”, “por qué”, “por dejarme ser el primero”. Lucía sólo lo mira complacida de su engaño, de saber que lo tiene naufragando en una quimera de sangre. Marco se va envolviendo en esos ojos donde encuentra ternura, donde encuentra un lugar para reposar. Lucía sabe que ha triunfado, que su poder mantendrá por fin a Marco cerca de ella, pero la adolescente sigue llorando por dentro, ella desea amor, pero Lucía sólo le puede dar una mentira.
Lucía está condenada, o bendecida, para otros –ustedes decidan- con un súper poder. Ella tiene un “himen regenerativo”. Facultad que le permite regenerar este tejido al dejar de tener relaciones por unos meses y a veces semanas. Capacidad envidiada por las más acérrimas cristianas ansiosas de los placeres de Zodoma.
Lucía, es de un temperamento tenaz, fuerte, agresivo, pero perseguida por un pasado de adolescente adicta al color rosa, las discotecas barranquinas del fin de semana, los bailes brasileños, los cuales ha suplantado, ahora –como una correcta intelectualoide-, por las noches en el centro de Lima, el Yacana o el bar El mirador y canciones de The Stroks y Joaquín Sabina.
Toda aquella fortaleza con la que cuenta se ve destrozada ante la presencia de Marco, otro recalcitrante marxista. En medio de la atiborrada pista de baile de El mirador, entre gente disfrazada de un personaje de Disney, horneándose por dentro, quizá por unos 50 soles, ellos bailan, disfrutan de su socialismo bailando canciones de Oasis. En medio de “Stand by me,” él, después de su indiferencia total hacia ella, decide tocar muy valientemente su cintura. Ella responde con un movimiento pélvico que insinúa sus ganas desmedidas por mostrarle el mundo de ilusión cerebral que genera su poder.
Bajo una gigantografía de Mariátegui, ellos hablan sobre un proyecto de “Vivienda digna para la población”. Lucía ha trabajado en este proyecto durante meses, recuerda sus intensas búsquedas en la red y las bibliotecas de San Marcos y la PUCP. Cada información le suena muy valiosa, cada párrafo leído es consumido con dicha interna, cada párrafo escrito hacen que la adolescente color rosa dentro de ella se alimente de esperanzas desmedidas al esperar que este proyecto despierte la mirada de aprobación de Marco, espera simplemente que él le diga lo valioso que serán sus 75 páginas, que la tome de la mano y de sus labios se desprendan palabra como “te felicito Lucía, esto está bien”. Al terminar de leer el trabajo lo coloca sobre la mesa, mete su mano en el bolsillo de su casaca, saca un cigarro, lo prende, lanza una bocanada de humo y con un gesto de haber sido afectado por la nicotina, la mira directamente a los ojos y dice “no está mal, pero tú sabes que es insuficiente, deberías tomar más enserio las cosas”. Mientras la adolescente aprisionada dentro de ella se ahoga en un océano interminable de lágrimas, ella dice “qué te parece mal”, “creo que lo sabes, así que es innecesario decírtelo”, “sí, te entiendo”, pero realmente no entiende nada, solo puede reír con indiferencia.
Pasa un hombre con una botella de cerveza y moja la espalda de ella, pero eso qué interesa, por fin él le ha tomado la cintura. La canción es interminable, el sudor se desgasta en su mejilla, su corazón se acelera. Marco se acerca suave y hace una maniobra para poder oler su cabello. Esa ternura tan impropia de él llega hacia su otra mano y le acaricia la cara. Ambos deciden no mirarse para no arruinar el momento. De pronto sus sienes están juntas, son dos siameses que se resisten a nacer. ¿Por qué me hace esto? Lucía lucha más que nunca por detener a aquella adolescente a la que atormenta tanto para que nunca salga de su encierro. Al apretar más su cintura la va jalando hacia su torso, necesita que ella reacciones, necesita convertirse en el libertador de la adolescente aprisionada.
“Qué hago con este trabajo ahora”. “Bueno si quieres guárdalo como recuerdo”. El único recuerdo que tendrá será unos ojos indiferentes entre un remolino de humo. “Lucía, últimamente no le tomas la importancia del caso a nuestro trabajo”. Cada palabra cala dentro ella, el dolor encala sus párpados y sus dientes luchan contra las palabras. “Marco, hoy estaremos en el mirador por mi cumpleaños”, “¿es tú cumpleaños?”, “sí”, “mira, no sé, ese lugar no me agrada, todo es falso, todo es tan… occidental”, ojalá hubieses dicho feliz cumpleaños, piensa ya sin esperanzas.
Sin darse cuenta sus narices están juntas y aquella pequeña pista de baile parece infinita. “vámonos”, dice él, “a dónde”, “a celebrar tu cumpleaños”, “pero eso hacemos”. Sus sonrisas comprenden la situación y logran escabullirse entre sus amigos. En un taxi se dirigen a un viejo cuarto que alquilaron. La estancia en el auto se empapa de tensión, se toman de la mano, pero no se miran, nada puede ser más perfecto, resuena en la cabeza de la adolescente que se apodera de la situación. Al llegar se dirigen al cuarto sin decir nada. Se tienden sobre el colchón. Sin darse cuenta están inundados de besos, el la desviste sin que ella lo sienta. La adolescente es la única que existe en ese momento. La sangre sobre el colchón golpea de imágenes a Marco, él la ve a los ojos y la adolescente sabe que esa es la mira de ternura que tanto deseaba, pero mientras él se dispone a seguir el encuentro regresa la muchacha mala de la historia, regresa Lucía. Y entiende que esos ojos son de pura lujuria. Detener el momento con una verdad divertida podría arruinarlo todo, ¿quién tiene el control ahora?. Marco es el tercer hombre al que Lucía le entrega su virginidad. Al final de la batalla, sin mirarla Marco dice “gracias”, “por qué”, “por dejarme ser el primero”. Lucía sólo lo mira complacida de su engaño, de saber que lo tiene naufragando en una quimera de sangre. Marco se va envolviendo en esos ojos donde encuentra ternura, donde encuentra un lugar para reposar. Lucía sabe que ha triunfado, que su poder mantendrá por fin a Marco cerca de ella, pero la adolescente sigue llorando por dentro, ella desea amor, pero Lucía sólo le puede dar una mentira.
Interesante...:)
ResponderEliminarTe has olvidado del amigo poeta de Lucía,el único hombre que sabe su secreto.
ResponderEliminarEl viernes nos vemos.