Ella baila sola


El deseo es lo que acompaña los seres humanos a un mundo menos pesimista, en el que algunos preferimos embarcarnos; claro que si éste no se cumple todo puede convertirse en frustraciones.

He conocido a Diana como un deseo, como el deseo de Gino. Esta vez el deseo se alcanzó; ellos se quisieron, se amaron, corrieron de prisa, pararon a beber agua, se comportaron millares de veces como púgiles en la cama (y de más lugares), hasta que se cansaron y acabó el deseo.

En un tormentoso año nuevo en Punta Hermosa algunos beben, otros reflexionan lejos del grupo; yo me aburro y me siento alejado de todos y pongo cara de pensativo y nostálgico con la esperanza de que nadie se me acerque a hablarme de sus proyectos del venidero año, pero como en la mayor parte de mi vida, fallo. Se sienta a mi lado Diana y mirando al mar mientras extiende su mano para llevar a su boca una botella de cerveza, para beberla con una pesadumbre que le es totalmente natural, me dice de repente _Sabes siempre soñé con ser una ruca; _¿perdón?, respondo con una pregunta pues nunca pensé que una mujer anhelara algo así. _Es la verdad, pero no de ésas que se venden en las calles, yo quiero ser de las que se regalan… pero no sé como conseguirlo. Al verme muy confundido y con el cigarro colgando de la boca, ella parece disfrutarlo y ríe ligeramente.

Cuando estaba en colegio mi mejor amiga y yo nos prometimos convertirnos en las rucas más ruconas de toda la secundaria. Todo había sido planeado de una manera excelente, nuestras primeras víctimas serían Pedro, que era el primo de mi amiga, que obviamente sería mío; y José un Ayacuchano con fama de borracho y asiduo visitante de burdeles, para ella. Todo estaba orquestado para el día viernes que tendríamos educación física. El día anterior salimos a comprar los calzones más pequeños que encontramos y unas pantalonetas muy apretadas. Después iríamos a mi casa, donde no debía encontrarse nadie, para hacer una maqueta, aunque realmente el objetivo era terminar haciendo otra cosa. Yo me sentía muy segura, para ser sincera yo era la que le había propuesto todo a mi amiga; Jorge no me mires así, por favor. Reacciono y me doy cuenta que los lentes se me resbalan lentamente en la nariz y el cigarro que cuelga de mi boca porta una larga fila de cenizas. No te estoy juzgando sólo estoy un poco sorprendido, pero dime ¿qué pasó?. Bueno… la verdad que la idea de los calzones y de quienes serían nuestras víctimas, ya lo había planeado, sólo faltaba convencerla a ella, que a decir verdad fue más fácil de lo que pensé, demasiado fácil ahora que lo pienso bien. Mi decisión a cometer tal fechoría era rotunda, hasta el viernes en la mañana. Me levanté y me duché muy excitada por la idea; y tallando delicada y deliciosamente mis piernas y muslos esperaba ansiosa que llegara el momento para ser una verdadera ruca. Al salir y encontrarme frente al diminuto calzón sentí como si los huesos se me congelaran y mis manos endurecieran al punto de no poder abrirlas. Me paré aproximadamente quince minutos frente a la prenda y por alguna extraña razón no podía colocármela. Todo lo que había planeado empezaba a estropearse por mi incapacidad de ser una puta, por ser una estúpida cucufata. No logré ponérmela, solo conseguí usar la pantaloneta. Al llegar al colegio anduvimos todo el tiempo que pudimos con nuestras presas. Llegó el momento de educación física y nos sacamos el buzo y quedamos en pantaletas. Debo admitir con vergüenza y placer, que capturamos la atención no sólo de ellos dos, sino la de todo el salón y hasta la del profesor que se hacía el huevón cuando lo mirábamos. Escogimos a ellos apara hacer los estiramientos. Me tendí en el piso mientras Pedro levantaba suave y tímidamente mi pierna, y la empujaba con su hombro hacia delante. Él sudaba mientras mantenía su vista fija en mis entrepiernas, en ese momento pensaba en la estúpida idea que había concebido y lo más estúpida que era yo para llevarla acabo y haber metido a mi mejor amiga en esto, que imagina debía estar pasándola muy mal. Volteé para mirarla y me encontré con que ella estaba sumergida en miras arrechantes con José, los dos se sonreían mutuamente, como provocándose y disputándose el dominio de la situación. Ella sabía como ser una ruca. De pronto sentí una caricia muy ligera en mi rodilla. Era Pedro que ya se encontraba muy entusiasta, como si supiera todo lo planeado. Para mí, la situación era escalofriante y no podía idear nada para que dejara de jugar con sus dedos sobre mi rodilla. Hasta que recibió una bofetada en la nuca por parte del profesor que le dijo amenazadoramente, pero con suavidad: “no seas pendejo Pedrito”.

El regreso a casa fue más tormentoso. José y mi amiga conversaron como si los uniera una cantidad de años y al mismo tiempo los separara otra, mientras tanto, Pedro entró en lo que al parecer fue un monólogo pues yo no dejaba de pensar en que como me lo iba a tirar con todo el temor que me asaltaba; entonces al desviar la mirada en la banca de un parque veo a dos amantes que se abrazan y devoran con agresividad sus bocas, él le toca el culo y la palmotea, ella responde con un ademán de excitación y aprieta el cuello de la camisa del muchacho. Entonces detienen todo, se miran tiernamente, ambos saben que se desean, se paran, ahora ella meta la mano en bolsillo trasero de se muchacho y él la toma de la cintura y se van a continuar el ritual. José y mi amiga caminan abrazados, Pedro sólo camina y yo sólo sufro por no poder ser una ruca. Entramos a mi casa, como si todo me pidiera que esa tarde me entregará al deseo que aprieta mis venas, que no es el sexo, sólo el de ser una ruca. El único en casa es Pablo, mi hermano mayor, ése sí es un ruco. El parece saber todo y no nos detiene, sonríe con picardía y anuncia su retirada bromeando sobre la soledad de la casa, y para sentenciar el momento le regala un preservativo a José y otro para Pedro. Y yo sigo muriendo. Con una voz cómplice y una mi rada pícara mi amiga pregunta a José si sabe cómo usarlo. Resuelto responde con una pregunta ¿si no, me enseñas?. Ambos de la mano corren rumbo al baño, presiento que es un augurio de la cagada de mi situación. Solos en la sala con Pedro, siento el silencio que se revienta en mi cara. Bueno y ahora qué hacemos, me pregunta. A lo que vinimos. Y se acerca a sujetarme de la cintura y grito ¡la maqueta!. Ésa no la sé. Me refiero a la maqueta que tenemos que hacer. Mientras hacíamos las maquetas sentía la mirada de odio de Pedro, que en el silencio se intensificaba y los golpes en la puerta del baño y algunos gemidos que se escuchaban hacían parecer que el desprecio de Pedro crecía acompañado de frustración.

¿Entonces la única que cumplió el objetivo de ruca es tu amiga?. Sí, y de qué manera. Ese año se acostó con cuatro compañeros más y el pendejo del profesor de ecuación física.

Entonces ahí acabo tu intento. No. Mucho después decidí retomar el proyecto, pero esta vez con otra persona, porque mi amiga estaba embarazada y, en fin… esta vez Claudia, mi prima, sería mi acompañante. Estábamos otra vez en mi casa a solas, con dos amigos. Luis y Raúl. Claudia ya estaba borracha y sobre Luis que ostentaba con orgullo y petulancia la blusa de ella sobre su cabeza. Raúl intento besarme, debo admitir que esta vez si lo deseaba, quería sentirlo entre mis piernas y saber que podía ser una ruca, una mujer que ama el sexo y no a sus amantes. Cogimos la botella de pisco y nos metimos al cuarto de Pablo, sé que no lo interesaría que lo haga en su cama, es más hablaría de la historia familiar de ese colchón a sus nietos y los obligaría a tirar ahí, algo así como un escudo familiar. Entramos nos acostamos y me tomó en sus brazos y parecía no querer soltarme, me mordió los labios con lujuria y metió su mano en mi sostén. Entonces otra vez sentí el silencio estrellarse en mi rostro y oí otra vez golpes en la puerta del baño, que excitaban más a Raúl. Cómo escapar de ahí, cómo no ser poseída, cómo mantener incólume mis entrepiernas y evitar el bermejo color del despiadado placer. Ya no habían maquetas, ya no había un niño de diecisiete años a quién controlar con el golpe de un profesor. Entonces corrí como si de ello dependiera no morir empalada en las manos de Colo colo. Entré en mi cuarto y cerré la puerta con cerrojo para asegurarme de que Raúl no entraría. Con rabia y frustración por haber dejado pasar otra oportunidad de ser una ruca, me miré en el espejo grande de mi habitación donde puedo verme por completa. Siguen los golpes en la puerta del baño, a los que se unen los golpes de mi puerta y las súplicas en forma de letanía de Raúl. Enciendo la radio y me encuentro con Everything I Do. Y sólo tengo ganas de bailar. Lo hago sola, nadie me está mirando sólo yo, frente al espejo, entonces veo mis cabellos que me llegan casi hasta el final de la espalda, soy delgada, tengo una bonita figura y sigo bailando. Me saco la blusa y me doy cuenta que Raúl logro abrir mi sostén, me lo quito y veo mis propios senos. No puedo dejar de excitarme con la música, con mi cuerpo, con mi reflejo que se mueve delicada y pretensiosamente, me desabotono el pantalón y lo dejo caer. Ahora mi reflejo y yo bailamos juntas. ¿Sabes?, se nos ve muy bien a ambas. Acaricio mis piernas hasta llegar a mis rodillas y pienso en Pedro, en lo que pudo haber sido si yo pudiera ser una ruca, si tan sólo pudiera serlo aunque sea una vez, quiero ser como mi amiga y tirarme un profesor, como Pablo y acostarme con cualquiera, como mi prima, embriagarme y ser la dama de muchos, de demasiados, pero sólo por una noche. Cojo mis senos con una mano y contemplo la redondez que poseen y me regocijo de su firmeza. No aguanto y mi calzón ya esta en el piso, lo recojo y pienso en el que alguna vez compre y no paro de bailar. Siento lo plano de mi vientre y me detengo a deslumbrarme con mi ombligo, es pequeño, de una medida perfecta para mi pequeño vientre, que es firme, pero suave a la vez, no puedo dejar de deslumbrarme con mi cuerpo y como reacciona inmediatamente con ligereza sobre la música. Ahora bajo un poco más y llego hasta… Jorge ¿Qué pasa? Bebes muy rápido y sudas ¿estás bien?. Sí, sólo un poco entusiasmado por la llegada de un nuevo año y todo lo que implica ello.

¡Miren eso! Se escucha entre risotadas. Era Gino que salía desnudo del mar y completamente borracho. Caía tendido en el suelo. Diana corre a buscarlo y lo trae hacia mí. Lo tapa con una toalla y alguien prende una radio y tocan Everything I Do. Ella mira a los demás y ve que algunos bailan y corre hacia ellos, pero guarda aun su distancia, y se mueve suavemente, conoce la canción y su cabello, que ahora llega hasta más por de bajo de sus muslos se mueve con una violencia enternecedora; su rostro ríe, pero no deja reflejar amargura, rabia; frustración pues ella no puede ser ruca, únicamente, ella baila sola.


Comentarios

  1. Sigues siendo el Padre Zagal, pense que habria alguito mas de acción u que este post tendria otro destino, pero esta entretenido.

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  2. hey jorge , me gusto mucho de verdad, es una historia roja , complice jaja un saludo muy grande espero ver mas publicaciones :)

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  3. mmm Jorge, nuevamente buen relato convinas muy bien tu picardia con la seducción grafica de tus escritos, ojala sigas escribiendo más y también estudies jajaja

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  4. entretenido... es lo unico que puedo decir..

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  5. lograste que me imaginara todo cual película!! Muy buena historia, buen post!

    Te sigo!
    Saludos!!

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  6. Bien ah, el profe de fisica de mi cole creo ke ese lo comio al pollo...

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