Tres pasos para la Fluoxetina y un acápite sobre la soledad del lenguaje
1° paso: Daniela Me alejo de su rostro con el temor infinito de no poder desprenderme jamás de él, ella se va tendiendo encima de mí, cada vez más cerca, cada vez más blanca, cada vez más delgada; siempre impoluta. Ya no tengo más espacio en el sofá para seguir huyendo de ella y me cago de miedo de que nunca más pueda dejar de morderle los labios y al final cuando todo parece no tener remedio, pues nuestras narices comparte una delgada línea de aire que aumenta la tensión sexual, la cojo de los hombros y la levanto de forma erguida sobre el sillón, Daniela tan firme como una secretaria del gobierno me mira sorprendida, seguramente soy el único candelejón sobre la tierra que se niega a besarla. Caminamos por la avenida Bolívar y escucho sus frustraciones que enrojecen su invernal rostro, el auto de Bruno pasa y pasa muchas veces, lleno de violencia, lleno de borrachos, lleno de triunfo debido a que se levanta a la “cojudita del barrio”. Daniela hierve de impotencia y ce...